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martes, 16 de enero de 2018

Donde fueres, haz lo que vieres


El Universo entero está en un perpetuo cambio. Todo cambia y se permuta, incluyendo a los seres humanos.  Hay musulmanes que abrazan la fe cristiana y hay quienes se convierten al Islamismo habiendo sido cristianos. Hay quienes cambian sus preferencias, de partido político, nacionalidad y quienes prefieren vivir en un lugar en substitución de otro.
Así somos los humanos: mutantes. Siempre en busca del cambio que más nos convenga o satisfaga.

En este constante cambio es que hace su aparición la Emigración. Este fenómeno no es exclusivo de nosotros los humanos. Animales de todo tipo emigran, acorde con las estaciones, para poder sobrevivir. Y es así, precisamente, como veo yo este asunto migratorio.

Un gran porcentaje de los hispanos que vivimos en los Estados Unidos de América somos inmigrantes. Todos los que hemos decidido hacer de este país nuestro hogar, lo hemos hecho por elección, es decir, nadie, ha venido a este país forzado, en contra de su voluntad.
Que yo sepa a nadie se le ha puesto una pistola en la espalda y se le ha obligado a venir aquí. Al contrario, muchos han ofrendado sus propias vidas, de manera voluntaria, con tal de poder llegar hasta esta tierra.

Todos los que hemos dejado atrás nuestro terruño y afectos, hemos sopesado las consecuencias de nuestra decisión antes de emprender el viaje que nos trajo a buscar nuestra propia versión del Sueño Americano. Todos hemos optado por venir a buscar una mejoría, porque si no fuera así, nos hubiésemos quedado donde estábamos ¿No es así?

La propuesta de los Estados Unidos está muy clara: Libertad, Prosperidad y Seguridad.
Estos son los mayores atractivos que este país tiene para todos los que venimos a radicarnos en él. Usted pudo haber venido en busca de uno de ellos o de todos ellos a la vez, pero lo cierto es que vinimos a buscar algo de lo cual carecíamos, algo que nos faltaba. ¡No hay excepción a esta regla!

Yo creo que debemos tener claro cuál es nuestro papel en éste, nuestro país por adopción. Este es nuestro hogar por elección y debemos actuar acorde con nuestra decisión de radicarnos aquí.
Quienes inmigramos debemos integrarnos a este país, a su sociedad y su sistema, si queremos alcanzar las metas que nos hemos propuesto, cualquiera que estas sean.

Integrarse a este país es la única vía de poder progresar. Si no lo hacemos nos exponemos a ser discriminados por nuestra propia incapacidad de adaptación a la nueva realidad que nos toca vivir en esta nación.
Si usted no es capaz de hablar, escribir y leer el idioma Inglés las probabilidades de que pueda progresar en este país son sumamente escasas.
Si usted no regulariza su situación legal, las oportunidades de acceso a los beneficios legales que brinda este sistema le estarán negadas.
Si usted no se ocupa de estudiar alguna profesión u oficio válido en este país, o si ya tiene su profesión y no la revalida, su chance de obtener mejores oportunidades laborales o empresariales le estarán vedadas.
Y, por último, si usted no comienza por dar de si mismo a través de la voluntaria participación en los asuntos concernientes a su comunidad, no se beneficiará de todas las oportunidades de progreso y bienestar que están allí esperando por quienes estén dispuestos dar para poder recibir.
¡Todo esto es puro sentido común! No se trata de alienarnos, de enajenar nuestras costumbres, idiosincrasia y cultura, al contrario, se trata de adaptarnos a las nuevas condiciones que nosotros mismos elegimos, para poder aprovechar al máximo las oportunidades. ¡Adonde fueres, haz lo que vieres!


Quien quiera participar de los beneficios que este país ofrece tiene que jugar de acuerdo a las reglas: Aprenda Inglés, legalícese, estudie y dé lo mejor que pueda ofrecer para hacer de este país uno aún mejor. ¿Cuál es su decisión?

domingo, 29 de mayo de 2011

Las 4 reglas del éxito


Los Estados Unidos de América es el imán que atrae a millones de personas de todo el mundo, a vivir sus propios sueños. Y el común denominador de estos sueños es la búsqueda de una mejor calidad de vida. Pero si queremos obtener lo mejor que este país puede ofrecer, debemos proceder de acuerdo a las siguientes reglas:


REGLA #1: LEGALIZACION:

Esta es la primera regla es de obligatorio cumplimiento. Si uno va a fijar residencia en cualquier país de este planeta, lo lógico y sabio es hacerlo amparado bajo el marco de la Ley. Si no lo hacemos estaremos en contra de ella y viviremos en condición ilegal, por lo consiguiente estaremos exponiéndonos a las consecuencias que ello nos acarreará: Arrestos, deportaciones y enormes pérdidas materiales y morales.

Por ello deben agotarse todas las instancias para que aquellas personas que puedan cumplir con los requisitos que establece la Ley puedan normalizar su status migratorio cuanto antes. ¡Esto es imperativo!


REGLA #2: APRENDER INGLES:

Esta regla es puro sentido común. Si estamos viviendo en los Estados Unidos de América, donde el idioma que se habla en el Gobierno, las escuelas y los negocios es el inglés, entonces debemos aprenderlo para poder vivir aquí ¿no le parece?

Quienes insisten en no hacerlo se están haciendo un “harakiri social”, limitándose así a vivir a medias, dado que todas las buenas oportunidades que vinieron buscando a esta tierra dependen del manejo del idioma Inglés !Más claro no canta un gallo!


REGLA #3: EDUCACIÓN:

No importa con qué nivel de instrucción vino usted a este país, aquí siempre usted tendrá la oportunidad de superarse mediante el estudio y el aprendizaje. En este país la Educación está disponible para todos y existen los recursos didácticos y económicos disponibles para aquellos que saben lo que quieren y están dispuestos a esforzarse por ello. Claro está, primero debe saber Inglés, si no lo sabe sus oportunidades de educarse son muy escasas.


REGLA #4: INTEGRACIÓN:

No importa su origen, raza, credo o nivel socio-económico, usted siempre encontrará su lugar en la Sociedad Norteamericana, pero usted tiene que buscarlo, tiene que poner de su parte. Usted deberá integrarse a este país, debe formar parte de su comunidad, de su sociedad.

Adoptar sus costumbres y respetar todo lo que este país representa es un deber de todos los que queremos vivir aquí, no hacerlo no tiene sentido.

¡Ojo! Yo no estoy diciendo que uno debe alienarse y olvidar nuestros orígenes, lo que estoy diciendo es que debemos adaptarnos a esta nueva situación y contribuir al beneficio de la tierra que nos alberga y sustenta.

Siempre que se menciona el tema de la Integración la gente reacciona con miedo y se ponen a la defensiva. Temen perder lo que tienen durante el proceso de integración, pero no se dan cuenta que este proceso supone una adición y nunca una sustracción.

No se trata de sustituir nuestras culturas, idioma y costumbres por las de este país. Se trata de obtener la sumatoria de ambas para lograr un nuevo producto.

Quienes sigan temerosos de perder su identidad y se resistan a la Integración, se van a quedar rezagados, desempeñando oficios mal pagados y con ninguna posibilidad de progreso y bienestar.


Si usted vino a este país con la intención de aprovechar las oportunidades que sólo aquí se ofrecen, entonces usted debe respetar estas cuatro reglas. Hacerlo lo llevará a triunfar, no hacerlo lo mantendrá sumido en un estado de incertidumbre y frustración. ¡Usted decide!

sábado, 14 de mayo de 2011

¡Intégrese y triunfe!


El Universo entero está en un perpetuo cambio. Todo cambia y se permuta, incluyendo a los seres humanos.  Hay musulmanes que abrazan la fe cristiana y hay quienes se convierten al Islamismo habiendo sido cristianos. Hay quienes cambian sus preferencias, de partido político, nacionalidad y quienes prefieren vivir en un lugar en substitución de otro.
Así mismo somos los humanos: mutantes. Siempre en busca del cambio que más nos convenga o satisfaga.


En este constante cambio es que hace su aparición la Emigración. Este fenómeno no es exclusivo de nosotros los humanos. Animales de todo tipo emigran, acorde con las estaciones, para poder sobrevivir. Y es así, precisamente, como veo yo este asunto migratorio.

Un gran porcentaje de los hispanos que vivimos en los Estados Unidos de América somos inmigrantes. Todos los que hemos decidido hacer de este país nuestro hogar, lo hemos hecho por elección, es decir, nadie, ha venido a este país forzado, en contra de su voluntad.
Que yo sepa a nadie se le ha puesto una pistola en la espalda y se le ha obligado a venir aquí. Al contrario, muchos han ofrendado sus propias vidas, de manera voluntaria, con tal de poder llegar hasta esta tierra.


Todos los que hemos dejado atrás nuestro terruño y afectos, hemos sopesado las consecuencias de nuestra decisión antes de emprender el viaje que nos trajo a buscar nuestra propia versión del Sueño Americano. Todos hemos optado por venir a buscar una mejoría, porque si no fuera así, nos hubiésemos quedado donde estábamos ¿No es así?

La propuesta de los Estados Unidos está muy clara: Libertad, Prosperidad y Seguridad.

Estos son los mayores atractivos que este país tiene para todos los que venimos a radicarnos en él. Usted pudo haber venido en busca de uno de ellos o de todos ellos a la vez, pero lo cierto es que vinimos a buscar algo de lo cual carecíamos, algo que nos faltaba. ¡No hay excepción a esta regla!


Yo creo que debemos tener claro cuál es nuestro papel en este, nuestro país por adopción. Este es nuestro hogar por elección y debemos actuar acorde con nuestra decisión de radicarnos aquí.
Quienes inmigramos debemos integrarnos a este país, a su sociedad y su sistema, si queremos alcanzar las metas que nos hemos propuesto, cualquiera que estas sean.


Integrarse a este país es la única vía de poder progresar. Si no lo hacemos nos exponemos a ser discriminados por nuestra propia incapacidad de adaptación a la nueva realidad que nos toca vivir en esta nación.

Si usted no es capaz de hablar, escribir y leer el idioma Inglés las probabilidades de que pueda progresar en este país son sumamente escasas.

Si usted no regulariza su situación legal, las oportunidades de acceso a los beneficios legales que brinda este sistema le estarán negadas.

Si usted no se ocupa de estudiar alguna profesión u oficio válido en este país, o si ya tiene su profesión y no la revalida, su chance de obtener mejores oportunidades laborales o empresariales le estarán vedadas.


Y, por último, si usted no comienza por dar de si mismo a través de la participación voluntaria en los asuntos concernientes a su comunidad, no se beneficiará de todas las oportunidades de progreso y bienestar que están allí esperando por quienes estén dispuestos dar para poder recibir.

¡Todo esto es puro sentido común! No se trata de alienarnos, de enajenar nuestras costumbres, idiosincrasia y cultura, al contrario, se trata de adaptarnos a las nuevas condiciones que nosotros mismos elegimos, para poder aprovechar al máximo las oportunidades. ¡Adonde fueres, haz lo que vieres!


Quien quiera participar de los beneficios que este país ofrece tiene que jugar de acuerdo a las reglas: Aprenda Inglés, legalícese, estudie y dé lo mejor que pueda ofrecer para hacer de este país uno aún mejor. ¿Cuál es su decisión?

jueves, 21 de abril de 2011

Hay que cortar la cuerda


El otro día escuchaba en la radio a un sacerdote que contaba una historia que me impactó desde el principio. Esta es una de esas historias que vale la pena contar una y otra vez, e iba, más o menos así:

Existía un famoso alpinista que había alcanzado, a través de su vida, todas las hazañas propias de su especialidad deportiva y sólo le faltaba una: Escalar la montaña más alta del planeta... ¡pero sólo, sin ayuda!
Se preparó lo mejor que pudo, planificó y se entrenó, y así se dispuso a comenzar el ascenso.
Todo iba muy bien, según lo previsto. Él avanzaba con paso firme y decidido.

Ya hacia la tarde, antes de que el sol se pusiese, tuvo un percance, se resbaló y comenzó a caer en el vacío.
La caída era interminable, parecía que nunca llegaría al fondo de aquel precipicio. Mientras caía, toda su vida pasaba por su mente como una película, y ya cuando se había entregado a morir, súbitamente, algo lo detuvo.

De alguna manera, la cuerda que llevaba consigo se enredó en algún sitio, deteniéndolo en su caída y así lo mantuvo colgado en el vacío de aquel abismo. Se hizo de noche y entre la tenebrosa oscuridad y el gélido viento le cortaba la piel, él, desesperado, imploró la ayuda de Dios.

Cual no sería su sorpresa cuando escuchó una potente voz que le dijo: ¿Quieres que te salve?
El, sobresaltado, preguntó: “¿Qué? ¿Quién está allí?”.
Y la voz le respondió: “¡Soy yo, Dios! Tú me llamaste. ¿Quieres que te salve?”.
A lo cual, después de pensarlo un poco, el alpinista respondió: “¡Sí, sí quiero que me salves!”.
Entonces Dios le dijo: “Pues bien, mete la mano en tu bolsillo, saca tu navaja y con ella corta la cuerda”.

El alpinista no podía salir de su asombro, y dijo: “¿Qué dices?”.
Y la voz de Dios repitió: “Mete la mano en tu bolsillo, saca tu navaja y corta la cuerda”.
Entonces, con una mezcla de incredulidad y coraje el alpinista le respondió: “¿Estás loco? ¿Tú, que te llamas Dios, me pides que corte la cuerda que es lo único que me mantiene con vida?”.
Y Dios le dijo, una vez más: “¡Mete la mano en tu bolsillo, saca tu navaja y corta la cuerda!”.

La historia termina con el relato de unos exploradores que, al día siguiente, encontraron al alpinista, muerto, congelado, colgando de su cuerda…a sólo un metro de distancia del suelo.

A todos nos toca vivir esta situación tarde o temprano. Todos llegamos a un momento en nuestras vidas en el cual tenemos que asirnos de nuestra fe y cortar la cuerda que nos mantiene atados a una situación que no nos conviene o nos separa de nuestro real propósito en esta vida.

Vivir debe ser un acto de Fe, y es, precisamente esa Fe, la que nos lleva a cortar las ataduras que evitan que toquemos fondo. Es en esas circunstancias trascendentes en nuestras vidas, cuando tenemos que tocar fondo para así poder propulsarnos hacia la búsqueda de nuestro fin último, de nuestro verdadero propósito existencial.

Yo me decidí a cortar mi cuerda para así encontrarme con mi destino, el cual no es otro que llevar mi mensaje de Integración a la Comunidad Hispana de la Florida.
Yo no concibo otra alternativa de éxito, para la Comunidad Hispana en este país, que no sea la de su integración, y para mí esta integración se fundamenta en el aprendizaje del idioma Inglés, la regularización de su situación migratoria, su educación y su participación voluntaria en asuntos comunitarios. ¡Intégrese!